Virocracia – Conciliación

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1543sexualfantasyunlimited[ES] Virocracia – Conciliación

26 de octubre de 2035 – 10 h 30

Ernest frunció el ceño. En la consola, uno de los nombres de la lista aparecía en rojo: Harz Koch, 42 años, sector este. La explotación de metadatos robados y los chips biométricos hackeados suministraban toda la información necesaria sobre los sujetos en situación de alto riesgo en tiempo real. « No deberíamos haberlo dejado de nuevo a su piso » pensó « el Vitam obtenido por ingeniería inversa no fue capaz de detener la infección, que lo mató ese mismo día ». Impulsándose con los pies, dio una vuelta en su silla giratoria hasta tener su colega en su campo de visión.

– Ya te dije que no era una buena idea enviar una inteligencia artificial de segunda categoría para hacer el trabajo. La próxima vez, envía un interventor humano.

– Y yo ya te dije que no podemos hacer todo el trabajo nosotros mismos. Cada vez hay más gente que está cayendo fuera del sistema. Si todo sigue así, todo el Sector Este podría ser privado de Vitam de aquí al final de mes, sin contar con lo que está pasando en la utraperiferia. Todos nuestros efectivos están trabajando al máximo de su rendimiento. De no ser por las inteligencias artificiales hacía mucho tiempo que habríamos desaparecido.

Aslan ajustó sus gafas arcaicas sobre su rostro ratonil y apartó su flequillo con un gesto de desdén. Ernest aceptó con resignación la ligera reprimenda y volvió a la consola de control.

26 de octubre de 2035 – 19 h 02

El Dr. Abomey estaba sentado en el centro de una semiesfera desde la cual contemplaba un particular firmamento. Alrededor de él, una infinidad de puntos se agrupaban formando galaxias y nebulosas, con una profundidad que parecía no tener fin. Finas líneas indicaban las relaciones entre cada puntos y grupos de puntos de manera precisa. En realidad, estos puntos y líneas representaban el conectoma (conjunto de conexiones entre neuronas) del cerebro de una paciente, cerebro que estaba preparando a duplicar.

En el interior de una cápsula, extendida sobre su espalda, se encontraba una chica joven. Su piel era extraordinariamente blanca y lisa, como si todos los defectos de su cuerpo hubieran sido corregidas con un programa de retoque fotográfico. Su pelo rojizo era lacio y brillante, cada una de sus fibras tratada a la perfección. Sin embargo, su pulso era totalmente inerte, su pecho permanecía inmóvil y su respiración era inexistente.

No muy lejos, el cuerpo original de la chica permanecía en coma suspendido. Su piel parecía agrietada y su pelo estaba dañado y enfermo. Era el momento ideal para un cambio de cuerpo, y Anita Von Betrieben, la rica heredera, tenía todo el dinero para permitírselo. Su nuevo cuerpo estaba garantizado como libre del virus de la cepa 23qh-N-3, y además los ingenieros de sistemas genéticos habían trabajado día y noche para corregir todas las demás taras que pudieron encontrar en su genoma. La nueva Anita sería más fuerte, tendría un sistema inmunológico aún más resistente, y no padecería ninguna enfermedad genética.

Durante los últimos cinco días, un enjambre de robots microscópicos habían estado ocupados reproduciendo toda la estructura de su cerebro sobre el material maleable que era su cuerpo clonado y mejorado. Lo único que quedaba era el punto más delicado: efectuar el traspaso de consciencia, lo cual requería que Anita se despertara en dos cerebros a la vez. El peligro consistía en que la personalidad de Anita podría dividirse en dos, y una de ellas podía morir en el antiguo cuerpo sin que la otra terminara de formarse en el nuevo. Pero los resultados de los últimos experimentos habían probado que la operación podía tener éxito si se utilizaba el tiempo necesario y las técnicas psicológicas adecuadas.

El Dr Abomey se levantó de su silla ortopédica, se aclaró la garganta e hizo un gesto de la mano, como si lanzara un avión de papel en el aire. Todo su equipo se puso a trabajar. Al final de la noche, la nueva Anita abrió los ojos y pidió un vaso de agua. La Anita original parpadeó brevemente y su mirada se perdió en la nada. En la sala de control, el equipo de psicólogos e ingenieros lanzaron un grito de júbilo. El antiguo cuerpo de Anita fue trasladado por un tubo neumático hasta un incinerador, y nadie volvió a saber nunca de él.

28 de octubre de 2035  – 16 h 08

Ernest tenía uno de los empleos más ingratos de todo el distrito rojo. En los sótanos de los locales de Sexual Fantasy Unlimited, una serie de gónadas y glándulas artificiales producían varios hectolitros de diversos fluidos biológicos cada día. Su trabajo consistía en asegurar que dichos fluidos llegaran correctamente a las diversas cabinas de realidad virtual. Habían detalles que todavía no era fáciles de simular con la interfaz sensorial. Al pasar junto a la oficina, escuchó a dos de sus superiores discutiendo sobre el coste n desmesurado de algunas de las nuevas fantasías propuestas. Había que reajustar la tarifa de precios. Cuando Ernest llegó al pasillo 3, el espectáculo era desolador. Uno de los clientes había pulsado el botón de salida de emergencia, abriendo su cabina unos segundos antes de que tuviera lugar la ducha de desinfección, y ahora todo el pasillo estaba inundado de agua jabonosa con olor a frambuesa. Rechinando los dientes, Ernest sacó una fregona y comenzó a limpiar el estropicio.

Dos horas después, Ernest resurgió en la superficie de la ciudad. En su imaginación, a cada paso que daba, la calle que pisaba se prendía fuego con la rabia que emanaba de su propio cuerpo. El fuego se extendía, incendiando los edificios de alrededor y calcinando todas las formas de vida humana o artificial a varios kilómetros a la redonda. Estaba enfadado con todo el mundo y consigo mismo, detestaba su trabajo de cobertura, y empezaba a guardar rencor contra sus colegas de la rebelión. Sentía su interior habitado por lagunas de odio, espesos mares ignotos y sin fondo que recogían todas las frustraciones acumuladas desde su infancia, y que ahora expulsaban aguas envenenadas hacia la superficie. Nadie sabía que estaban allí, ni siquiera sus amigos más próximos. Pero las cosas iban a cambiar pronto. Ah sí, iban a cambiar.

28 de octubre de 2035  – 20 h 00

El vestido recubierto de nanotubos de grafeno era tan oscuro que su aspecto era el de una silueta plana y asimétrica en el aire de la noche. Anita Von Betrieb esperaba sobre la acera, allí donde su limusina la había dejado cuarenta segundos antes. Dispuestos en una formación pentagonal, cinco centinelas robóticos hacían la guardia, quietos como estatuas. En unos instantes, su anfitrión vendría y la conduciría hasta la entrada del restaurante.

Detrás de ella, un movimiento repentino la hizo reaccionar. Un gran todoterreno se precipitó en su dirección, derribando a dos de los guardias robóticos y pasando a escasos centímetros de su cintura. Mientras estaba en estado de shock, la puerta del coche se abrió y una espesa red salió proyectada hacia ella, envolviéndola y arrastrándola al interior como la lengua de un camaleón. El interior del vehículo era oscuro, pero pudo entrever a sus captores, cuyos rostros estaban camuflados bajo máscaras reflectantes. Es entonces cuando su sistema de defensa personal se puso en marcha, y miles de nanobots se desprendieron de su cabello y de su vestido y empezaron a atacar al resto de los pasajeros del coche. Cuando éstos se dieron cuenta, empezaron a balancearse con inmensas sacudidas, ya que su piel estaba siendo arañada por una legión de diminutas garras que quemaban como ácido. El coche perdió el control e impactó contra un muro, provocando la expansión de un compuesto de aerogel que salió despedido del techo y de los asientos envolviéndolo todo como un guante húmedo.

Anita aprovechó la confusión para abrir la puerta más cercana y escurrirse por ella, desprendiéndose de la masa que la aprisionaba. Poniéndose en pie, se dispuso a correr de vuelta hacia el restaurante cuando escuchó una voz detrás de ella. « ¡Espera! » exclamó la voz. « No es posible » pensó Anita. Giró la cabeza y miró a su hermana, cuyo rostro ensangrentado aparecía por debajo de la máscara reflectante.

28 de octubre de 2035  – 20 h 20

El sótano olía a pelo de ratón y a líquido desatascador. Anita arrugó la nariz, se la tapó con el borde de su pañuelo e intentó no tocar ninguna superficie. Después de mover las manos en el aire durante unos instantes, terminó introduciéndolas en los pliegos de su vestido. Bajo la luz de una bombilla incandescente, los tres miembros de la resistencia se pasaban trapos impregnados con una solución cicatrizante sobre los brazos y la frente, intentando detener el sangrado. Además de su hermana, dos hombres jóvenes la miraban de soslayo, uno de ellos con gafas y flequillo, el otro con el pelo corto y con una cicatriz en el lado de su frente. Unos segundos pasaron en silencio. Finalmente, Ingrid Von Betrieb, la hermana de Anita, se levantó y se dispuso a hablar.

Pero antes de que pudiera abrir la boca, un ruido les sorprendió. Tres figuras oscuras avanzaron desde las sombras y se dirigieron hacia Anita, que esbozó una sonrisa. Los robots de guardia personales habían seguido la señal de su dueña hasta llegar al sótano, y ahora se dispusieron formando un triángulo para protegerla.

– No se preocupen – dijo Anita – Ya he desactivado la señal de alarma. Estos compañeros sólo los he traído para guardarme compañía. – hizo un gesto abarcando los robots.

Ernest alzó las cejas perplexo.

– Y ahora, hermana menor – continuó Anita, dirigiéndose hacia Ingrid – me gustaría que me explicaras qué haces con estos pelagatos.

5 de mayo de 2030, 08 h 00 (5 años antes)

Ingrid entró en la fábrica, se dirigió a su oficina y encendió la máquina de café. Hacía cinco años que había terminado su máster en bioquímica, luego había pasado un tiempo de crisis existencial intentando desarrollar una carrera artística, había cambiado legalmente su nombre de Enrico a Ingrid (para separarse de un género que no le correspondía), había sido repudiada por su familia a causa de ello, y después de ese periodo había decidido regresar a la ciencia. Pero cuando volvió a contactar con sus antiguos colegas de los laboratorios de investigación, descubrió que todo el mundo parecía ignorarla, como si nunca hubiera existido. Al final encontró un puesto en el control de calidad de una fábrica de Vitam, un empleo que era totalmente innecesario desde cualquier punto de vista (los sistemas automatizados podían hacerlo mejor y más rápido que ella), pero que había pervivido gracias a unos anticuados acuerdos sociales en materia de empleo humano. La única satisfacción que le proporcionaba su trabajo era que disponía de tiempo libre. Mucho tiempo libre.

Una de sus ocupaciones habituales consistía en resucitar los antiguos ordenadores de la compañía e intentar recuperar las informaciones que habían en ellos. Era una tarea fastidiosa, ya que la documentación era difícil de encontrar y las piezas de recambio ya no existían en el mercado, pero combinando los pedazos de varios equipos y empleando sus escasos conocimientos de electrónica, Ingrid había conseguido encender varios ordenadores. Hoy se disponía a estrenar la nueva pieza a su colección, rescatada de un armario de la limpieza. La enchufó a su adaptador eléctrico casero y apoyó el dedo contra el botón de encendido haciendo que un escalofrío de emoción le recorriera la espalda. El ordenador se encendió a la primera y emitió una ligera melodía digital. Pero enseguida una nueva pantalla apareció, pidiendo una contraseña.

Conociendo las costumbres de los antiguos trabajadores, Ingrid probó varias de las contraseñas más comunes, sin resultados. Tomo un sorbo de su taza de café mientras reflexionaba. De manera distraída, atrapó el teclado del ordenador y pasó sus dedos por debajo, descubriendo los bordes de una etiqueta. Bingo. En ella estaba escrita la contraseña del ordenador: « Felicity ». Introdujo el nombre en la casilla en blanco y pudo acceder al escritorio, de un color azul turquesa que hacía daño a los ojos. Es increíble que un equipo informático tan anticuado fuera utilizado hasta hace unos años, pensó. La memoria del ordenador parecía un vertedero virtual en el cual ningún fichero nunca había sido borrado. Al final de su jornada encontró un mensaje interesante. Había sido desplazado a la papelera y decía así:

Fecha: 2026-06-03 18:25:17
De: Casper Grievich <caspergrievich@anchorings.biz>
Para: Minerva Crawford <mi.craw@aspicpharmaceutics.com>
Asunto: Re:Re:Re:Pedido número #424R-981H4349F

Buenos días señora Crawford,

En primer lugar, me gustaría felicitarle por la calidad de sus productos. La pureza de la nueva versión de Mixitur Forte es más que satisfactoria.

En otro orden de cosas, uno de nuestros contactos de la Unidad Central nos ha trasmitido un rumor interesante: el Departamento de Defensa está estudiando la posibilidad de utilizar el arma biológica 23qh-N-2 como método de control de la población. De esta manera, podría cortarse el suministro de antídoto a ciertos « elementos indeseables », y el virus se ocuparía de hacer todo el trabajo sucio.

Evidentemente, confío en usted para que guarde este mensaje en el más estricto secreto.

Atentamente,

C. Grievich
Anchorings and Co.

Durante un tiempo, Ingrid no supo qué hacer con ésta información. Hasta que una noche, después de una larga fiesta, decidió contárselo todo a Ernest, su mejor amigo. Lo que pasó entonces cambió sus vidas para siempre.

29 de octubre de 2035  – 9 h 10

Anita se despertó y giró la cabeza para comprobar la hora en el reloj de pared del otro lado de la cama. Pero en lugar de ver las cifras flotantes se encontró con una pared oscura. Se inclinó hacia delante y el polvo y la humedad de la base secreta subterránea entraron en sus fosas nasales. Entonces se acordó de todo lo que había ocurrido, habían pasado unas horas discutiendo sobre los problemas ligados al Vítam, le habían contado que había una escasez planeada del medicamento (algo que ella misma negaba personalmente) y le habían explicado que eran una especie de grupo rebelde (lo cual la había hecho reír). Se alegraba de ver a su hermana después de tantos años, pero le preocupaba verla en compañía de un grupúsculo filoterrorista.

En el extremo opuesto de la habitación, el rostro de su hermana se distinguía en la tenue luz ambiental. Sus facciones eran más adultas que la última vez que la había visto, pero su rostro seguía siendo un poco infantil. Su pelo era ahora más largo y en sus mejillas quedaban restos del maquillaje del día anterior. Anita se levantó y se dirigió sigilosamente hacia la salida. No podía seguir en ese sótano inmundo. Su reputación (y su salud) estaban en juego. Justo cuando iba a abrir la puerta, una mano se posó sobre su brazo. Ernest le miraba con sus ojos entrecerrados y con las mejillas todavía hinchadas por las picaduras de los nanobots.

– ¿Dónde te crees que vas? – preguntó.

– Me largo –

Antes de que pudiera atraparla, uno de los robots, que se había deslizado detrás de él y le sujetó por la muñeca, inmovilizándolo. Anita abrió la puerta y salió corriendo, escoltada por los dos otros robots. El tercero esperó unos segundos antes de irse también. Ernest parpadeó en la sucia luz de la mañana antes de cerrar de nuevo la puerta.

29 de octubre de 2035  – 12 h 05

– ¿Que has hecho qué? – Aslan estaba fuera de sí, respirando ruidosamente y caminando en círculos en la sala de máquinas del sótano de Sexual Fantasy Unlimited. Junto a él, Ernest miraba hacia el suelo mientras sorbía una lata de Cheap Fun Cola.

– ¿Y qué querías que hiciera? Ella estaba allí, con sus robots, y yo estaba solo…

– Pues podrías haber hecho algo de ruido, no sé, gritar algo, así nos habríamos despertado y entre todos habríamos podido evitar que se escapara de nuevo.

– Ah, vaya, no se me había ocurrido.

Aslan dio un puñetazo con su frágil mano contra una de las máquinas, pero lo único que consiguió fue lastimarse los nudillos. Ernest se disculpó otra vez más, pero en su interior sentía la humillación mezclada con el odio a sí mismo y hacia los demás, que no había desaparecido del todo.

– Tenemos que pensar en algo. Ingrid parece desesperada, y se odia por no haber podido hablar más tiempo con su hermana. – Aslan hizo una pausa para retomar el aliento – ¿Estás seguro de que tus jefes no saben que estás utilizando una de las máquinas para generar pseudo-Vitam?

Todas sus conversaciones eran cifradas y descifradas instantáneamente por máscaras electroacústicas que cubrían sus labios, ocultando sus movimientos a las miradas ocultas.

– No te preocupes – replicó Ernest – hace tiempo que descubrí cómo duplicar la producción de una de las máquinas de sudor, así que la otra sintetiza pseudo-Vitam para nosotros día y noche. – Para alguien que no pudiera descodificar su mensaje, sus palabras se asemejaban a un silbido sin fin. Pseudo-Vitam era el nombre que el grupo le había dado a su versión casera del Vitam, que solían distribuir en forma de brebaje pardo y poco apetitoso. Sólo tenía una capacidad de impedir la replicación del virus del 68% (frente a 96% del Vitam industrial), pero aún así era mejor que nada.

Aslan no parecía muy convencido.

– Bueno – dijo finalmente – Nos vemos esta noche en el Soft Circle y seguimos hablando.

29 de octubre de 2035  – 15 h 55

La central de control del Sector Este bullía de actividad. Los operarios de la unidad de delitos informáticos pasaban su tiempo desmantelando redes clandestinas de comunicación, que a veces hacían uso de las antiguas infraestructuras eléctricas o telefónicas o de cañerías y que podían estar codificadas en distintos rangos de frecuencias y con diversos sistemas criptográficos. El comandante Leyer se dirigió al resto de su equipo.

– La unidad de estupefacientes nos hace parte de que nuevas muestras de Vitam de calidad sub-estándard han aparecido recientemente en más de diez puntos de los distritos diez y once. Tenemos que encontrar quién está distribuyendo toda esta mierda. –

– Disculpe, comandante, pero si usted no tuviera acceso al Vitam, ¿que haría? –

– Eso es absurdo, el gobierno nos da todo el Vitam que necesitamos.

– Quiero decir, ¿no le parece que nos estamos concentrando demasiado en las redes de suministro? Lo más fácil sería saber de dónde obtienen el Vitam adulterado los consumidores.

– De acuerdo, pongan a cinco sujetos en situación crítica de falta de Vitam bajo vigilancia intensiva. Veamos hasta dónde nos lleva esta pista.

Cinco personas fueron elegidas a partir de la base de datos.

29 de octubre de 2035  – 20 h 20

El bar Soft Circle estaba casi vacío aquel lunes de otoño. Sólo algunos clubbers rondaban aún por la pista de baile, porque la metacypradona todavía no había sido eliminada de su torrente sanguíneo, y todavía pensaban que estaban en el fin de semana. En la cabina, una inteligencia artificial personificada por un holograma hacía como que mezclaba los últimos éxitos de The African Mouldings, que ahora (extrañamente) volvían a estar de moda.

– ¿Qué te sirvo esta vez? – preguntó el barman.

Ingrid contempló los últimos cubos de hielo que todavía no se había fundido en el fondo de su vaso. Se había pasado todo el día en la oficina pensando en su hermana, en todas las cosas que no había tenido tiempo de decirle. Miró al barman y le dijo:

– Un gin-tonic, por favor.

Unos segundos más tarde, un brazo robótico salió de la pared con su bebida en un vaso alto. Ingrid pagó su bebida haciendo un gesto encima de la terminal de pago. A continuación, sacó una caja de Vitam de su bolso y se tragó un par de pastillas.

Poco después, Ernest y Aslan llegaron al bar, y juntos se dirigieron a una cabina de desconexión, donde el uso de aparatos electrónicos estaba prohibido y donde todas las ondas electromagnéticas eran bloqueadas.

– Bueno, por fin podremos hablar con un poco de tranquilidad. – comenzó Ernest.

La puerta se abrió bruscamente.

– ¡Hola, chicos! – La cabeza pelirroja de Anita Von Betrieb apareció por la abertura.

– ¡¿Qué haces tú aquí?! – exclamó Ernest.

– Bueno, no crean que se van a librar de mi tan fácilmente. Al principio pensé en llamar a papá… – las miradas de Anita e Ingrid se cruzaron brevemente. Ingrid agradeció mentalmente a su hermana que no lo hubiera hecho. – Pero pensándolo mejor, creo que he encontrado la persona ideal que podría ayudarnos. Les presento mi colega el Dr. Abomey.

Un hombre negro vestido en un traje gris entró en la sala.

– Bueno, ¿podemos empezar? – interrumpió Aslan. – Tenemos muchas cosas de las que hablar.

Durante las dos horas siguientes, establecieron un nuevo plan de acción. El número de crisis víricas mortales estaba a punto de explotar, y con todas las ideas que tenían en mente, esperaban acabar con el virus de una vez por todas.

Continuará…

1544efficacity[EN] Virocracy – Conciliation

26th October 2035 – 10h30

Ernest frowned. On the console, one of the names on the list appeared in red: Harz Koch, 42 years old, Eastern Sector. Exploiting stolen metadata and hacked biometric chips provided them with all the necessary information about subjects in high-risk situations at real time. « We shouldn’t have left him in his apartment again,” he thought, « the reverse-engineered Vitam substitute wasn’t able to stop the infection, which killed him that same day ». Swivelling the chair by using his feet, he turned to face his colleague.

– I told you it wasn’t a good idea to send a second-grade artificial intelligence to do the job. Next time, send a human agent.

– And I’ve already told you that we can’t do all the work ourselves. There’s an increasing number of people who are falling out of the system. If everything continues like this, all of the Eastern Sector could be deprived from Vitam by the end of the month, without taking into account of what’s happening on the suburbs. All of our forces are working at the top of their capacity. If it wasn’t for artificial intelligences, we would have disappeared a long ago.

Aslan adjusted his antiquated glasses on his mouse-like face and swept his forelock with a sign of despise. Ernest took the minor rant with resignation and returned to the control console.

26 October 2035 – 19h02

Dr. Abomey was sitting in the middle of a hemisphere from which he gazed into a peculiar firmament. All around him, a plethora of points gathered forming galaxies and nebulae, with a depth of field that seemed endless. Thin lines marked the relations connections between points in a precise manner. In fact, all these points and lines represented the connectome (the totality of connections between neurons) of the brain of a patient; the brain he was preparing to duplicate.

Inside a pod, laying on her back, was a young girl. Her skin was exceptionally white and smooth, as if all the flaws of her body had been corrected with a photography manipulation software. Her reddish hair was straight and shiny, each one of its fibres rendered to perfection. However, her pulse was completely flat, her chest laid still and her breath was nonexistent.

Not very far from her, the original body of the girl was kept in a suspended coma. Her skin was cracked and her hair was damaged and frail. It was time for a change of body, and Anita Von Betrieben, the rich heiress, had all the money that was needed for it. Her new body was guaranteed to be free of the 23qh-N-3 strain virus, and the genetic engineers had been working day and night to correct all the other faults that they could find in her genome. The new Anita would be stronger, she would have an even more resistant immune system and would be free of all genetic diseases.

During the last five days, a swarm of microscopic robots had been busy recreating all the structure of her brain on the flexible material of her cloned body. The only thing that was left was the most delicate part: performing the consciousness transfer, which demanded that Anita woke up in two brains at once. The danger consisted in Anita’s personality splitting up and dying in the old body before fully setting itself in the new one. But results from recent experiments showed that the operation could work if the proper timing and psychological techniques were used.

Dr Abomey rose from his orthopaedic chair, cleared his throat and made a sign with his hand as if he was throwing a paper plane in the air. All his team started working. At the end of the night, the new Anita opened her eyes and asked for a glass of water. The original Anita blinked briefly and then seemed stuck in a blank stare.  Down in the control room, the team of psychologists and engineers screamed of joy. The former body of Anita was transported through a pneumatic tube towards an incinerator, and nobody thought of it ever again.

28 October 2035  – 16 h 08

Ernest had one of the most ungrateful sectors of all the red district. On the basements of the Sexual Fantasy Unlimited facilities, a series of artificial gonads and glands produced several hundreds of litres of various bodily fluids each day. His work consisted in assuring that said fluids arrived properly to the different augmented reality cabins. Some details were still hard to simulate with sensory interfaces. As he walked by the office, he heard the voices of two of his superiors arguing about the outrageous cost of some of the new proposed fantasies. The price chart had to be updated. When Ernest arrived to hall 3, the view was ghastly. One of the clients had pushed the emergency exit button, opening the cabin just seconds before the disinfection shower came into action, and now all the hall was flooded with raspberry-smelling soapy water. Grinding his teeth, Ernest took a mop out and started cleaning the mess.

Two hours later, Ernest emerged on the city’s surface. In his mind, each step he took set the streets on fire from the rage that emanated from his own body. The fire spread, lightning the surrounding buildings and burning to ashes all human or artificial lifeforms in several kilometres around him. He was angry against the world and against himself, he loathed his cover job and he was starting to have a grudge against his rebellion friends. He felt his interior populated by lagoons of hate, viscous and bottomless unknown seas that concentrated all the frustrations that built up from the times of his childhood, and that sent poisoned waters back to the surface. Nobody knew that they were there, not even his closest friends. But things were going to change. Oh, yes, they were going to change.

28 October 2035  – 20 h 00

The graphene microtube-covered dress was so dark that it looked like a flat, asymmetrical silhouette in the night’s air. Anita Von Betrieb was waiting on the pavement, where her limousine had left her forty seconds before. Placed around her in a pentagonal formation, five robotic sentinels kept a close watch on her, still like statues. In a moment, her host would come and would direct her to the restaurant’s entrance.

Just behind her, a sudden movement made her react. A big SUV rushed towards her, knocking over two of the robotic guards and driving just centimetres away from her waist. While she was still in a shock state, the door opened and a thick net was launched at her, getting hold and dragging her inside like a chameleon’s tongue. The vehicle interior was dark, but she could distinguish her captors, whose faces were hidden under reflective masks. At that time, her personal defence system activated as thousands of nanobots dropped from her hair and her dress and started to attack the rest of the car occupants. When they realized what was happening, they started to shake wildly, as their skin was being scratched by an army of tiny claws that burnt like acid. The car lost control and hit a wall, provoking the release of an aerogel compound that bounced off the ceiling and the seats, and wrapped everything like a wet glove.

Anita took advantage of the confusion to open the closest door to her and slide out through it, freeing herself from the fluid that imprisoned her. Standing up, she resolved to run back to the restaurant when she heard a voice behind her. “Wait!” Shouted the voice. “This can’t be happening”, thought Anita. She turned her head and realised she was looking at her sister, whose blood-covered face appeared under the reflective mask.

28 October 2035  – 20 h 23

The basement smelt of mouse hair and plumbing liquid. Anita frowned her nose, covered it with her handkerchief and tried not to touch any surface. After moving her hands in the air for a while, she ended tucking them in the folds of her dress. Under the light of an incandescent bulb, the three members of the rebellion rubbed rags impregnated with a cicatrising solution on their arms and front, attempting to stop the bleeding. Other than her sister, two young men looked at her from the corners of their eyes, one of them with glasses and a forelock, the other one with short hair and a scar on the side of his head. Some seconds passed in silence. Finally, Ingrid Von Betrieb, Anita’s sister, stepped up and prepared to speak.

But before she could open her mouth, a noise surprised them. Three dark shapes advanced from the shadows and turned towards Anita, that sketched a smile. The personal robotic guards had followed the signal of their owner until they reached the basement, and now settled in a triangle to protect her.

“Don’t worry”, said Anita, “I’ve already turned off the alarm signal. I’ve only brought these mates to keep me company.”, she made a gesture directed towards the robots.

Ernest raised his eyebrows, perplexed.

“And now, dear younger sister”, Anita continued, facing Ingrid, “I’d like you to explain to me what you are doing here with these suckers.”

5 may 2030, 8 h 00 (5 years earlier)

Ingrid entered the factory, went to her office and turned on the coffee machine. Five years had passed since she finished her biochemistry masters degree; then she spent a period of existential crisis trying to develop her artistic career, legally changed her name from Enrico (to break from a gender that didn’t suit her), been disowned by her family because of that, and after all that time she decided to come back to science. But when she contacted her old colleagues from the research labs, she found that everybody seemed to ignore her, as she had never existed. At the end, she found a position in the quality control section of a Vitam factory, a job that was totally pointless (automated systems could do it better and faster than her) but that had subsisted thanks to some outdated social agreements for human employment. The only satisfaction she obtained from her job was that she had free time. A lot of free time.

One of her usual pastimes was bringing back to life old computers from the company and trying to retrieve the information contained in them. It was a fastidious task, because documentation was hard to find and spare parts were no longer sold, but by combining parts of different equipments and using her limited electronic skills, Ingrid had managed to turn on several computers. Today she prepared the debut of the newest piece of her collection, that she had rescued from a cleaning closet. She plugged it on her DIY electrical adapter and she pressed her finger on the power button while a shiver of excitement ran through her spine. The computer booted up right away and emitted a gentle digital melody. But soon a new screen appeared, requiring a password.

Knowing the habits of the old workers, Ingrid tested several of the most common passwords, without success. She took a sip of her coffee cup while she cogitated. In a careless way, she took the computer keyboard and slid her fingers under it, perceiving the edges of a label. Bingo. On it, the computer password was written: « Felicity ». She entered the name into the blank field and she could access the desktop, which had a turquoise blue background that was hard to stare at. It’s incredible that such an archaic informatics equipment was used just a few years ago, she thought. The computer memory looked like a digital wasteland in which any file had never been deleted. Near the end of her workday she found an interesting message. It had been moved to the trash (Americanism. In British it’s Rubbish or Recycle) bin and read as follows:

Date: 2026-06-03 18:25:17
From: Casper Grievich <caspergrievich@anchorings.biz>
For: Minerva Crawford <mi.craw@aspicpharmaceutics.com>
Subject: Fw:Fw:Fw:Delivery number #424R-981H4349F

Dear Ms Crawford,

First of all, I would like to thank you for the quality of your products. The purity of the new version of Mixitur Forte is as good as expected.

Speaking of something else, one of our contacts from the Central Unit has relayed to us an interesting rumour: the Defence Department is studying the possibility of using the 23qh-N-2 biological weapon as a population control method. This way, the antidote supply could be cut off from certain “undesirable elements”, and the virus could do all the dirty work.

It goes without saying that I fully trust you to keep this message in the most strict confidentiality.

Yours sincerely,

C. Grievich
Anchorings and Co.

For a while, Ingrid didn’t know what to do with this information. Until one night, after a long party, she decided to tell everything to Ernest, her best friend. What happened next changed their lives forever.

29 October 2035 – 9 h 10

Anita woke up and turned her head to check out the time on the wall clock that laid on the other side of the bed. But instead of the floating numbers she found a dark wall. She stretched to the front and the dust and humidity of the underground hideout entered her nostrils. Then she remembered about all that had happened; they had spent some hours speaking about problems related to Vitam, they had told her that there was a planned shortage of the medicine (which she personally denied) and they had explained to her that they were some kind of rebel group (which made her laugh). She was happy to see her sister after so many years, but she was worried to see her in company of a terrorist-like gang.

On the opposite extreme of the room, the face of her sister could be distinguished in the low ambient light. Her facial features were more adult than the last time she had seen her, but her face was still a little childish. Her hair was longer now, and in her cheeks there were bits of makeup from the night before. Anita woke up and started to walk sneakily to the exit. She could not stand any more that ghastly basement. Her reputation (and her health) were in danger. In the precise moment she was about to open the door, a hand landed on her arm. Ernest was looking at her with half-opened eyes and with the face still swollen because of the nanobot stings.

“Where do you think you’re going?”, he asked.

“I’m leaving”, answered Anita.

Before he could catch her, one of the robots, that had slid behind him, grabbed him by the wrist, immobilizing him. Anita opened the door and ran away, escorted by the two other robots. The third one waited for some seconds before leaving as well. Ernest blinked at the murky light of the morning before closing the door again.

29 October 2035 – 12 h 05

– You’ve done what?

Aslan was visibly upset, breathing heavily and walking in circles in the machine room of the basement of Sexual Fantasy Unlimited. Next to him, Ernest stared at the floor while he slurped a can of Cheap Fun Cola.

– And what did you want me to do? She was there, with her robots, and I was all by myself…

– You could have made some noise, I don’t know, shout something, so we could have woken up and we could all have prevented her from escaping again.

– Oh, blimey, I didn’t thought of that.

Aslan thumped on one of the machines with his frail hand, but all he managed to do was to hurt his knuckles. Ernest apologised once again. He felt humiliation mixed with hatred for himself and for the others, that hadn’t totally vanished.

– We have to think of something. Ingrid seems desperate, and she loathes herself for not having been able to talk more with her sister. – Aslan made a pause to catch his breath.

– Are you sure your bosses don’t know you’re using one of their machines to generate pseudo-Vitam?

All their conversations where ciphered and deciphered instantly by electroacoustical masks that covered their lips, hiding their movements from the sight of outsiders.

– Don’t worry. It’s been a long time since I discovered how to double the production of one of the sweat-producing machines, so the other one synthesises pseudo-Vitam for us day and night.

To someone who couldn’t decipher his message, his words seemed like an endless whistle. Pseudo-Vitam was the name the group had given to their home-brewed version of Vitam, that they used to distribute as a brownish, not very appealing liquid. It only had a 68% anti-virus replication capacity (industrial Vitam had a 96% capacity in comparison), but it was still better than nothing.

Aslan didn’t seem very convinced.

– Well… Let’s meet this evening at the Soft Circle to talk more.

29 October 2035  – 15 h 55

The control central of the Eastern Sector was bursting with activity. The agents from the digital crime unit spent their time uncovering clandestine communication networks, that sometimes made use of old electrical, telephonic or plumbing lines; which were coded in a number of frequency ranges and with various cryptographic systems. Commander Leyer addressed the rest of his team.

– The drug repression unit informs us that new samples of sub-standard quality Vitam have surfaced in more than ten points of districts ten and eleven. We have to find who is spreading all this shit.

– Excuse me, my commander, but if you didn’t have access to Vitam, what would you do?

– That’s absurd, the government gives us all the Vitam we need.

– I mean, don’t you think we’re focusing too much on distribution networks? The easiest way would be to find out where the consumers get their adulterated Vitam.

– Point taken, put five critically Vitam-deprived suspects under close watch. Let’s see where this trail leads.

Five people were chosen from the database.

29 October 2035 – 20 h 20

The Soft Circle bar was almost empty that autumn Monday. Only some clubbers still wandered around the dancefloor, as the metacypradone still hasn’t flushed from their bloodstream, and they still thought it was the weekend. In the cabin, an artificial intelligence personified by a hologram seemed to mix the last hits by The African Mouldings, that now (strangely) seemed to be all the rage again.

“What can I serve you this time?”, asked the barman.

Ingrid glanced at the last ice cubes melting at the bottom of her glass. She had spent all day at the office thinking of her sister, of all the things she hadn’t had time to tell her. She looked at the barman and said.

– A gin-tonic, please.

Seconds later, a robotic arm emerged from a wall with her drink in a tall glass. Ingrid paid for her drink by making some gestures over a paying terminal. Then, she took a Vitam box from her purse and swallowed a couple of pills.

Soon afterwards, Ernest and Aslan arrived at the bar and they all went inside an isolation cabin, where the use of electronic devices was strictly forbidden; and where all electromagnetic frequencies were blocked out.

“Well, at last we can speak with a little bit of calm”, started Ernest.

The door opened abruptly.

– Hi, guys!

The red-haired head of Anita Von Betrieb appeared through the opening.

“What are you doing here?!”, bursted Ernest.

– Well, don’t think you’re going to get rid of me so easily. At first I thought about telling daddy…

Anita’s and Ingrid’s glances crossed. Ingrid thanked her sister mentally for not having done that.

– But then I thought better of it and I think I’ve found the perfect person to help us. Meet my colleague Dr. Abomey.

A black man in a grey suit entered the room.

“So, can we start?”, interrupted Aslan, “We have so many things to talk about.”

During the following hours, they put together a new action plan. The viral outbreak was about to explode, and with all the ideas they had in mind, they expected to terminate the virus once and for all.

To be continued…

Thank you Tom for helping me with the translation’s spell-check… again🙂

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