Espacio Colorimétrico de la Ciudad de París

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París es gris. O más bien cremoso. Los colores de mayoría de las fachadas del centro oscilan entre un color blanco imperfecto, un gris acerado y el color claro y amarillento de la piedra calcárea. Las pintadas callejeras son borradas por el ayuntamiento usando una pintura de color caqui que imita la tonalidad de la antigua piedra. Los techos, por su parte, aparecen coloreados de un color azul grisáceo resultado de la piedra oscura y del metal de los que están revestidos. Incluso el río Sena nos ofrece un rostro liso y plomizo la mayor parte del año. Todo se reduce principalmente a estos colores, si exceptuamos el verde oliva de los árboles y los rótulos chillones de las tiendas.

Las razones de esta monotonía de color las podemos encontrar parcialmente en la historia de la ciudad. Las transformaciones realizadas por el barón Haussmann en el siglo XIX eliminaron una parte importante de sus edificios antiguos y marcaron la ciudad con sus geométricas fachadas de piedra, que hoy son su signo de identidad. Esta piedra proviene originalmente del propio subsuelo de la ciudad, pero después tuvo que ser importada desde el valle del Oise. Actualmente, en el momento en que muchas de las fachadas están pintadas, no quedan limitaciones técnicas a la hora de pintarlas de un color diferente, si no es por guardar una cierta coherencia estética con las construcciones más antiguos.

Sin embargo, las causas de esta coloración son también psicológicas. Al contrario de los países del sur de Europa, donde el uso del color es más atrevido, y de los países nórdicos, donde los colores vivos son muy apreciados por el contraste que ofrecen en medio de la nieve, Francia prefiere presentar una impresión de uniformidad (y París es su representante). Los colores poco variados producen una cierta sensación de serenidad y seguridad, sin sorpresas, al tiempo que se adaptan a la idea de Francia como país suave, templado, donde nada malo puede ocurrir. De la misma manera, los colores apagados dan un aspecto de sobriedad, y de cierta elegancia de base.

A mis ojos, esta grisitud resulta también en una apatía emocional, sólo aliviada por los pequeños parques que, aquí y allá, pueblan la ciudad. Algunos arquitectos modernos empiezan a modificar la tendencia general introduciendo notas de color en el paisaje urbano (pienso en unos novedosos apartamentos no lejos de Bastille, con grandes jardines), si bien la futura remodelación de la ciudad para crear « el gran París » podría hacerlo aún más.

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Espace Colorimétrique de la Ville de Paris.

Paris est grise. Ou plutôt crémeux. Les couleurs de la plupart des façades du centre oscillent entre une couleur blanche imparfaite, une grise acéré et la couleur claire et jaunâtre de la pierre calcaire. Les graffitis de la rue sont couverts par la mairie en utilisant une peinture couleur kaki qui imite la tonalité de la pierre ancienne. Les toits, de sa part, apparaissent coloris d’un gris bleuté résultat de la pierre obscure et du métal dont ils sont recouverts. Même la fleuve Seine nous offre un visage lise et plombé la plupart de l’année. Tout ce réduit principalement a ces couleurs, à l’exception du vert olive des arbres, et des enseignes aux couleurs criardes des magasins.

Les raisons de cette monotonie peuvent être trouvées partialement dans l’histoire de la ville. Les transformations réalisées par le baron Haussmann au XIXè siècle ont effacé une partie importante de ses anciens bâtiments, et elles ont marqué la ville avec ses géométriques façades en pierre, qui sont aujourd’hui son signe d’identité. Cette pierre provient à l’origine du propre sous-sol de la ville, mais après elle a du être importée de la vallée de l’Oise. Actuellement, au moment où beaucoup de façades son peintes, il ne restent plus de limitations techniques à l’heure de leur peindre d’une couleur différente, si ce n’est pas pour garder une certaine cohérence esthétique avec les constructions plus anciennes.

Cependant, les causes de cette coloration sont aussi psychologiques. Au contraire des pays du sud de l’Europe, où l’usage de la couleur est plus audacieux, et des pays nordiques, ou les couleurs vives sont très appréciées pour créer du contraste au milieu de la neige, la France préfère présenter une certaine impression d’uniformité (et Paris est son représentant). Les couleurs peu variées produisent une certaine sensation de sérénité et sécurité, sans surprises, au temps qu’elles s’adaptent à l’idée d’une France douce, tempérée, où rien de mauvais peut arriver. De la même façon, les couleurs atténuées donnent un aspect de sobriété, et d’une certaine élégance de base.

À mes yeux, cette grisaille résulte aussi en apathie émotionnelle, seulement soulagé par les petits parc qu’ici et là, peuplent la ville. Certains architectes modernes commencent à modifier la tendance générale en introduisant des touches de couleur dans le paysage urbain (je pense à des nouveaux appartements pas loin de Bastille, avec des grands jardins), si bien la future remodelation de la ville pour créer « le grand Paris » pourrait le faire encore plus.

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English translation after the jump…

Paris City Colorimetric Space.

Paris is grey. Or mostly creamy. The colours of most of the centre’s facades fluctuate among an imperfect white, a steely grey and the yellowish, clear colour of calcareous stone. Street graffit is covered by the city council using a kaki coloured paint that imitates the old stone. Ceilings, by their side, appear coloured by a greyish blue tone due to the dark stone and the metal of which they’re covered. Even the river Seine offers a smooth lead-coloured face through most of the year. Everything is reduced mainly to those colours, if we except the olive green of the trees and the loud signs of the shops.

The reasons of this colour monotony can be found partially in the city’s history. The transformations lead by baron Haussmann at the ninetieth century erased one important part of the old buildings and marked the city with its geometrical stone facades, which are nowadays its hallmark. This stone comes originally from the city’s own underground, but had to be imported later from the Oise valley. Currently, in the moment when many of the facades are painted, there aren’t any technical limitations for not painting them with a different colour, if it’s not for keeping a certain aesthetic coherence with older buildings.

However, causes of this colouration are also psychological. Contrary to souther European countries, which are bolder with the use of colour, and to Nordic countries, where strong colour are appreciated to create contrast in the middle of the snow, France prefers to present a certain uniformity impression (and Paris is it’s representative city). Lowly varied colours produce a sense of serenity and security, without surprises, at the same time that they adapt to the idea of France as a gentle, temperate country, where nothing bad can happen. In the same way, muted colours give a look of sobriety, and a certain basic elegance.

In my eyes, this greyness results also in emotional apathy, only relieved by the parks that, here and there, inhabit the city. Some modern architects start to modify this general tendency by introducing colour notes in the urban landscape (I think in some new apartments not far from Bastille, with large gardens), while the city’s future reshaping to create “the greater Paris” could modify it further.

6 réflexions au sujet de « Espacio Colorimétrico de la Ciudad de París »

  1. Qué buen análisis sobre colores te has marcado, Teknad.

    No sé si me acostumbraría a vivir en esta continuidad cromática que describes… Imagino que en calidad de turista debe de regalar una sensación muy suave, pero claro, de turista es todo tan fácil…

    No sé porqué pero siempre me imaginé a París contruída de ladrillos vistos y con rejas verdes en sus escaparates y ventanas… Seguramnete lo habré visto en alguna película yankee.

  2. Edificios de ladrillos vistos hay en París, pero no abundan, nada que ver con Inglaterra. Uno que me gusta mucho es el Instituto Alemán, situado cerca de la Place des Vosges, que al atardecer adquiere una coloración rojiza muy intensa. Rejas verdes tampoco he visto, si acaso en los parques, pero algunos escaparates están cubiertos por las noches por unas planchas metálicas planas con respiraderos ornamentales.

    Describir París sin caer en el cliché es muy difícil, he aquí mi pequeña aportación. ¡Saludos!

  3. Ese color crema es tan omnipresente, que incluso las paredes de mi apartamento están pintadas así. De hecho, una de las primeras cosas que hice al llegar aquí fue pintar el baño de azul. Dentro de poco sacaré una entrada sobre la tipografía urbana, a ver si llega a la altura. Saludos!

  4. soy de mexico

    cuando vi París me sorprendió que los arboles de las banquetas tienen rejas circulares alrededor

    ¿que uso tienen?

  5. Supongo que su función es la de aprovechar el agua de la lluvia, y al mismo tiempo permitir que los peatones caminen sobre ellas sin ensuciarse los zapatos.

    En el mercado de Bastilla hay algunos árboles que no tienen dichas rejas, así que cuando llueve y se amontona la gente, caminando sobre las banquetas, todo se llena de lodo.

    ¡Saludos!

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